Casa la Luz, un nuevo proyecto de alojamiento rural inaugurado en 2025 en el casco histórico de La Portellada, Teruel. El establecimiento consta de dos apartamentos exclusivos construidos desde cero con materiales nobles como madera natural, piedra y forja artesanal, priorizando la calidad sobre las reformas convencionales. Se destaca su firme compromiso con la sostenibilidad mediante el uso de energía solar y la obtención de la certificación energética B, además de ser un espacio LGTBI+ friendly. Las viviendas están diseñadas para fomentar la desconexión digital, por lo que prescinden de wifi en un entorno de naturaleza auténtica. Cada unidad ofrece total privacidad para grupos pequeños, con la posibilidad de alquilar el edificio completo para un máximo de ocho personas.
Aquí te detallo cómo se organiza el espacio para un grupo de este tamaño: • Distribución por plantas: Cada grupo o familia ocupará una planta completa de la casa para sí mismos. ◦ El Apartamento 1 (primera planta, 76 m²) tiene capacidad para 4 personas y se encuentra a solo 5 escalones de la entrada. ◦ El Apartamento 2 (segunda planta, 61 m²) tiene capacidad para otras 4 personas y cuenta con una terraza panorámica privada. Se accede tras subir 20 escalones. • Privacidad y convivencia: Aunque estéis en el mismo edificio, cada apartamento funciona de manera independiente, contando con su propia cocina equipada, salón con sofá cama, dormitorio doble con vestidor, baño completo y sistema de climatización independiente. • Zonas comunes: El acceso a ambos niveles se realiza a través de una escalera interior de madera natural y forja artesanal que es compartida únicamente por los dos apartamentos. En la entrada, encontraréis un porche de piedra con vigas y bancos rústicos.
Con poco más de un centenar de habitantes y ajena a las rutas del turismo masivo, esta localidad es uno de esos lugares que permanece invisible para el gran público. La Portellada fue tierra de labradores y ganaderos, las casas de piedra dialogan con el tiempo sin alardes. El río Tastavins, en un paraje entre almendros y olivos, ofrece un salto de más de 20 metros de altura con una cascada que, con el tiempo, ha ido erosionando la roca viva hasta conseguir tener una gran poza circular de aguas turquesas. La ermita de San Miguel, ubicada en pleno monte, fue reconstruida y ofrece varios miradores adaptados con barandillas, donde se obtiene una vista panorámica del pueblo. Para los más curiosos también está la cueva de San Antón que conserva su función ancestral, ser punto de llegada de romerías, paseos y plegarias. Y el pilón de San Pedro Mártir de Verona, que es punto geodésico.